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Miércoles, 17 de mayo de 2006La poeta española Pilar Iglesias, una de las presentadoras del libro, en el Bar Tuñón.


PRESENTACION DE “LA MUERTE EN MADRID”, DE RAUL GONZALEZ TUÑON

La resistencia es un sueño eterno

Por primera vez se vuelve a editar el libro publicado en 1939. Allí, el poeta reivindica la lucha de los republicanos.

Por Silvina Friera

Por esas omisiones imperdonables que tiene el olvido, La muerte en Madrid es una de las obras menos conocidas de Raúl González Tuñón. Este poemario, que es un canto a la resistencia de los madrileños durante la Guerra Civil Española, se editó por primera vez en 1939. Hasta hace unos días, encontrar un ejemplar de ese texto emblemático en las librerías de usados era un milagro o un golpe de suerte. La poeta española Pilar Iglesias, coordinadora del Taller de Poesía de AUPA (Asociación Unión de Profesionales Artistas y Otros por los niños del mundo), decidió saldar la deuda que el mundo de habla hispana tenía con el autor de El violín del diablo y después de dos años de esfuerzo y trabajo de hormiga acaba de reeditar el libro, con una tirada de 3000 ejemplares. “La patria de un poeta es su lengua”, dijo durante la presentación en el café Tuñón. La escuchaba atentamente Nélida Rodríguez Márques, la viuda del poeta, siempre tan generosa a la hora de apoyar todas las iniciativas que promuevan la obra de su marido. Los poetas y artistas que hicieron posible que el poemario regresara a las librerías de España y de la Argentina –María Soledad Argüelles, Carmen Ausín, Carlos Ledesma, Juan Carlos Piovano y José María Otero– recitaron varios poemas y analizaron distintos aspectos del legado poético de Tuñón.

Juan Carlos Piovano calificó al poeta como “marca registrada entre los grandes más grandes” y añadió que su poesía no sólo tiene palabras, “también tiene olor y esa música triste que modulan las guerras”. Y respecto de esta música desafió a los futuros lectores de La muerte en Madrid: “Si afinamos un poco la oreja, se puede escuchar hasta la sirena de las ambulancias y ver muy nítido ese maniquí y los letreros caídos en la vereda después de los bombardeos infames”. Sobre la actitud del poeta, subrayó que “anduvo de frente en el frente” y confesó que se lo puede imaginar “comiendo el pan viejo de las trincheras”. Aunque el nombre de Tuñón suena en cualquier mesa de café como un referente, Piovano admitió que “poder sacar este libro de la oscuridad, ponerlo de nuevo a la luz del día para deleite de los que vienen detrás y para la reflexión de los que lo silencian, es una aventura casi épica en la que Pilar nos embarcó y donde nos dio la chance de subirnos a un barco-sueño”. Carmen Ausín leyó el texto, Carta al poeta, de Rosana Artiguez Iglesias, en el que la poeta, a partir de los versos de Tuñón, evoca a sus abuelos republicanos. “Los poetas son buscadores de piedras preciosas para regalárselas a otros”, escribió Artiguez Iglesias.

Para Carlos Ledesma la poesía de Tuñón “hace mundo, en un mundo de encubrimiento obsceno”. José María Otero explicó que el homenaje al poeta surgió porque muchos sentían que era menospreciado por la crítica y la cultura argentina. “Aparte de lo que fue como poeta, sus versos tienen musicalidad –señaló Otero–. Tuñón era un magnífico manejador de matices, y como bien decía el Polaco Goyeneche, ‘a un buen poema se le puede poner la música por teléfono’. Y los tangueros lo saben bien porque Lucio Demare decía, a propósito de Manzi, que sus versos tenían tanta musicalidad que hizo la música de Malena en diez minutos en una mesa de la confitería El Guindado de Palermo.” La comparación de Otero no era causal, en el café donde se presentó el libro había muchos viejos tangueros, amantes de los versos de Tuñón. Otero recordó que el grupo de música celta Luar Na Lubre (que significa “Luz de luna sagrada en el bosque de los celtas”) musicalizó el poema Domingo Ferreiro, de La muerte en Madrid. Otero recitó el poema en gallego y todos lo ovacionaron. En uno de los prólogos, Pilar Iglesias cita a Juan Gelman, que decía de Tuñón: “Nunca renunció a la persecución de la poesía ni a la procura de justicia en la Tierra, dando un ejemplo que muchos de nosotros tratamos de seguir. Raúl agranda los territorios de la imaginación poética, salta permanentemente las vallas de las teorizaciones, con excepción de ésta: ‘La poesía es una indivisible, nunca negocia con los agrios sectarios –de izquierda o de derecha–’”.

Pilar Iglesias coordinadora del  TALLER DE  POESÍA